Hoy
me estuve observando. “Me” se refiere a mí, o sea, que estuve observando (me),
pendiente de lo que hacía “la Mercedes”, ese personaje en el que me convertí al
crecer. Me vi abriendo los ojos y apretando la mandíbula: «¡Joder! ¿Es que no
hay día para que la barredora acicale la calle más que a las seis de la mañana?»
Y, de lejos, se escuchó una voz como de ultratumba, ¡cómprate unos tapones!, aunque
“la Mercedes” ni se enteró, ya estaba en la cocina preparándose el café y la
tortilla francesa que, como le dio por hacer ayuno por las noche, el estomago
le reclama sustancia y el cuerpo gasolina para seguir tirando. «¡Ostras! ¿Qué
le pasa al móvil que no enciende? ¿Cómo miro yo ahora por dónde viene el
autobús y los minutos que restan? ¡Tío, que yo trabajo! Es más, ¿cómo le explico
a la gente que no contesto a las llamadas o al wapsá porque el móvil no me funciona?».
A ver, bonita, no te alteres ─le digo─, para pillar el autobús se usa el reloj de
toda la vida y se calcula lo que uno tarda en llamar el ascensor, bajar al
portal y atravesar la calle, que no siempre ha estado ahí la tecnología de
seguimiento del vehículo en tiempo real mediante una aplicación al móvil. Y
tampoco pasa nada si la gente que intenta conectar contigo no recibe respuesta
inmediata, ¿te crees tan importante como para que la CIA se haga cargo del caso
y te anden buscando por paradero desconocido? Además, recuerda que ayer en el
video de youtube que te zampaste antes de acostarte, algo te quedó claro con respecto
a eso que llamamos “realidad” ¿o no? ¿Qué descubrió Jacobo Grinberg que descolocó
la cara de Fernando Sánchez Dragó en una de sus tertulias de “La Noche: El Sol
de Medianoche, TVE 2, de 1989”? ─ Se lo recordé a “la Mercedes” mientras sorbía
el café en la terraza mirando el mar de fondo… Mira, reina, ese video TE apareció
para algo, piensa, siente, averigua, indaga,
intuye… El documental que te llevaste a la cama hilado en la cabeza para
desmenuzarlo mientras llegaba el sueño,
de lo que hablaba era de la Teoría Sintérgica de Jacobo Grinberg. Y si
recuerdo bien, lo que dice esa teoría es que estamos dentro de un continuo
extensísimo y no conocemos los extremos, y que el humano común solo puede percibir
una parte de todo este mundo que entendemos como “realidad”. ¿Qué te quiero
decir con esto? Que mires a ver por qué no te funciona el móvil, porque igual
se trata de un pequeño nudo imperceptible en la transferencia de energía entre
tu dedo conector y el interruptor telefónico. «¿EeeeeHHH?» (la Mercedes no sabe
de qué le hablo, tampoco sabe que le estoy hablando, por eso intentaré que
recuerde el video de ayer y active sus poderes creadores ─todo el mundo los
tiene─ para solucionar lo del móvil).
─Oye,
móvil, ayer cargué tu batería al completo y ahora espero que respondas y te
enciendas, por favor.
Para
que esto ocurra hay que hablar con propiedad, mirar al móvil con fijeza, llegar
a su esencia, sentir que su energía conecta con la tuya, observar que él
también te mira (y te escucha).
Et…
voilá. ¡Plinck! ¡Encendido!
Como
dice Jacobo Grinberg: “El cerebro, al interactuar con este campo informacional,
crea la realidad de percepción. Esta realidad una vez creada tiene una
existencia real. Lo que estamos viendo, los colores, las formas, existen, pero
existen como conciencia, directamente. Y las leyes de esta consciencia que
llamamos mundo hay gente que las maneja”. No sé si esto tiene algo que ver con
lo del móvil, pero está chulo lo que dice, ¿verdad?
Yo
no he conseguido manejar estas leyes de la conciencia que llamamos mundo
(todavía), aunque, aplicando parte del conocimiento que acabo de adquirir,
conseguí conectar el móvil, que no daba señal alguna. Mañana, intentaré
eliminar el ruido de la barredora de las siete de la mañana; y, si no lo elimino,
a ver si por lo menos no me llega; y si me llega, intentaré que no me afecte. Esto
de manejar la realidad lo consigo yo como Mercedes que me llamo… (¿Me llamo
así, o es el nombre que me pusieron en esta “realidad”?).
Mercedes Alfaya.
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