miércoles, 12 de junio de 2019

Viaje a las Pléyades (quinta parte)


Mi amiga, la pleyadiana, ya está en la Tierra.

Parece que se enfundó un cuerpo bastante resultón y cómodo para la experiencia 3D. Y, aunque desconoce el lugar exacto donde aterrizaron, dice que le encantó esa sustancia refrescante y líquida cuya molécula se compone de dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno.
Todo esto me lo va contando a través del pleyamobilingüe, conectado a la frecuencia del infinitodecimonónicoestelar, que, a diferencia del móvil terrestre, no necesita “coltan” (el mineral que ha causado más de tres millones de muertes en el Congo debido a las malas condiciones de su extracción).
Dice, además, que le ha sorprendido no encontrar en la Tierra centrales de Serotonina, imprescindible para mejorar los procesos conductuales y neuro-psicológicos en humanos (como añade la información que maneja en su micro chips implantado para el viaje), aunque sí que conocen y utilizan la Shungitha (o piedra inteligente). Y que, incluso, ha visto que algunos humanos purifican su agua con este mineral procedente del espacio. (¡Qué bien! Ya veo que mis paisanos van descubriendo poco a poco algunos secretos beneficiosos para ellos, hasta ahora ocultos por los que controlan y manejan los hilos del planeta).


      Aquí, el bote de 2 litros de agua macerando con los 200 gr. de Shungitha en bruto.

Me pasó la imagen un pleyadiano especializado en «biología celular» que, de vez en cuando, viaja a la tierra, se enrolla con alguna sesentona de buen ver y pasa largas temporadas en su casa hasta que consiga el doctorado Shungi-Galáctico (vaya suerte para la terrícola elegida, porque la limpieza de metales pesados en células con este agua las practica con ella: medio vasito por la mañana..., medio vasito por la noche...; un besito aquí..., otro allí...; shungitha va…, shungitha viene…). 

Ya por la tarde, mi amiga quedó para merendar con el sol (que es un portal energético con entrada en redondel oscuro y salida luminosa) y darle las gracias por permitir la vida en la Tierra. Para ello, cambió de cuerpo y eligió un look de lo más acorde a la velada.



           La merendilla estuvo de lujo, porque dice que con el sol se puede hablar de todo: charlaron de los toroides, que son manifestaciones de la consciencia, además de que cada toroide es una línea temporal. También conversaron acerca de los maestros, tanto ascendidos como de la tierra, jerarquías de poder que no necesita el ser humano, porque, en estos momentos, él ya Es todo lo que necesita Ser.

           —Bueno, si todavía encuentras a alguien perdido, le puedes recomendar un guía, pero, vamos: “Cuando el alumno está preparado, desaparece el maestro” —dijo el sol antes de ocultarse tras la montaña.
Me contó mi amiga, la que partió de las Pléyades en viaje de incógnito al planeta, que vislumbró algunos asteroides y meteoros donde se esconden naves extraterrestres para surcar el firmamento sin ser vistas. Y que uno de los miembros de la Confederación Intergaláctica de los Mundos Libres, en pleno descenso, impartió allí mismo una clase magistral acerca del llamado “vacile” terrestre; muy extendido entre los que todavía piensan en el arcaico y equivocado binomio: «Felicidad=Acumular». Y aquí lo tenemos, en plena experiencia religiosa. 


A media noche, hora terrícola, mi amiga, que ahora habita en densidades de lenta vibración (espacio tiempo incluidos), dijo que, en la Tierra, lo que lleva peor es que todo pesa mucho, que hay que andar por el suelo todo el rato y que no soporta el calzado de ningún tipo. Que lanza las zapatillas al aire, pero que vuelven a caer. Y claro, se las coloca de nuevo para no dejarlas allí tiradas, que le da pena.


 Con la pena, esta no avanza. Y eso que lleva una lista de sentimientos humanos que debe evitar a toda costa para no quedar atrapada en las redes de los programas implantados, entre ellos: la pena. Pero también, el miedo, la hostilidad, la ira o los celos. De todo esto tendré que hablar con ella, porque en la Tierra resulta fácil caer en esa especie de arenas movedizas, donde, luego, a ver quién recoge sus lágrimas y las devuelve a los ojos.
Además, como es su primer aterrizaje en el «planeta-escuela», no he querido meterle más y ponerla en guardia acerca de las “trampas” que debe evitar, sobre todo las del ego.
De manera que volvió a cambiar de look para asearse un poco, desconectó consciencia y dejó el cuerpo aparcado hasta el día siguiente. 
¡Que descanses, bonita! Te queda faena…


Mercedes Alfaya.

domingo, 19 de mayo de 2019

Viaje a las Pléyades (cuarta parte)

                                                                    

           Hoy, en las Pléyades, toca hacer Nada. 

Sí que puedes utilizar la Consciencia, pero con consciencia. 
Piensas en colores y aparece este dibujo. Así de simple.

           En las Pléyades (a las que también se les llama M45) se holgazanea como en todas partes. Pero, claro, al no disponer de cuerpo de carbono como en la Tierra, lo del “descanso” es un decir. Y, como el tiempo aquí no existe, lo del “día libre” tampoco sería correcto. Por eso, quédense con: “Hoy toca hacer Nada”, y listo.          

                
                                                      
Aquí dos de mis compis en un sofá que encontraron vagando por el espacio
 (la contaminación humana que llega a todas partes…).


El caso es que les pregunté a los mandamases si en mi tiempo de Nada podía ver “Serendipity”, una peli que me encanta. Hicieron un gesto raro, como encogerse de hombros, pero sin hombros. Traduje que les daba lo mismo; total, estaba en Nada y, además, aquí tienes libertad suficiente como para hacerte responsable de tus actos. Así es que me dieron vía libre.
                                
                                                   
        


Ya sé que, si no soltamos los egos, las emociones y todo lo que se nos pegó al cuerpo y a la mente no avanzamos. Pero, bueno, que, como se suele decir, hasta para morderte las uñas sin arrastrar los pellejos existe un tiempo de aprendizaje, y en ello estoy, a ver si consigo desprenderme por completo del gustillo de ver estas pelis tan románticas, jeje.

 En fin, que la película completa no la tenían en el circuito de conexiones con la Tierra, pero sí este vídeo tan especial: 
   
     Les dejo el enlace:  Serendipity

   
      Se lo conté a Mirunia, una amiga pleyadiana, y dijo que a ella le hubiera gustado visitar la Tierra para saber cómo se vive ahí. Y, como la siguiente manifestación de los pleyadianos en el planeta está prevista para primeros de junio, la he animado y se acaba de apuntar al viajecito interestelar con destino "La Tierra".
     Por eso, hoy, en mi tiempo de Nada, le anoto instrucciones de cómo es el planeta y la forma que tienen mis expaisanos de manejarse allí.
    
     Resulta difícil explicarle a una extraterrestre de 5ª dimensión, por ejemplo, que, en la Tierra (3ª dimensión) la gente se maneja con programas implantados donde repiten patrones erróneos provenientes de sus progenitores y familiares; que todavía piensan que su vida depende de lo que ocurre fuera de ellos; que ignoran que el prójimo (ese que tanto les molesta) también son ellos mismos, o que la enfermedad está ahí para avisarles de que existe incoherencia entre lo que piensan, lo que sienten, lo que dicen y lo que hacen; además de que la gente se deprime o se estresa porque viven en el pasado o en el futuro, pero nunca están en el aquí y el ahora. "Será en la Nada o el Absoluto", me corrige ella. Bueno, eso es aquí, en las Pléyades, pero en la Tierra donde todavía ignoran que solo existe el momento presente, mejor quedarnos con la expresión de tiempo y lugar "aquí y ahora", le confirmo. 


    No sé, no sé…, yo creo que esto a mi amiga le va a resultar un tanto arcaico, deslucido y absurdo. Mejor le doy la ubicación de Suiza, dónde venden los mejores chocolates del mundo y lo demás que lo descubra ella. 
   
                                                                     

Nombré el chocolate y esta vaca se coló por un agujero de gusano.




                        Aquí Suiza, un país avanzado donde los campos se pueden dejar abiertos que la gente no se lleva nada, y donde el gobierno por consenso ya está en marcha: vamos, que no consienten que ningún partido político decida por ellos, quieren que les pregunten acerca de todo aquello que afecte a sus vidas y a su futuro.
                   (No me atreví a recomendarle España por lo que ustedes ya saben...)





                             A ver qué cuenta mi amiga pleyadiana cuando vuelva de su viaje a la Tierra... 

Mercedes Alfaya.

miércoles, 1 de mayo de 2019

Viaje a las Pléyades (tercera parte)


 Me han preguntado (de forma telepática, claro) que cómo se está por estos lares. Pues bien, unos ratitos de trabajo y otros de descanso, como en todas partes. Jardines no es que haya, pero, mira, te acoplas y te dejas inundar por el mar de estrellas. De broncearte, nada, aunque en el cutis sí que se nota. Será por el ozono, que aquí lo guardan en frasquitos y te lo puedes llevar de regalo. Lo que no debes es dormirte en las plataformas de descanso; véase el riesgo de porrazo mayúsculo.


                                                                   


     Aquí lo que prima es el silencio, no como en la Tierra que, de cinco minutos de charla, más de las tres cuartas partes se pierden en la sideral; quiero decir que ni se aporta nada ni te escucha la gente. Yo esto lo probé antes de venirme para acá. Dije: «Se está rifando un viajecito a las Pléyades y he comprado todas las papeletas». Y la gente se limitó a mirarme con una mueca bobalicona y a seguir con sus móviles. Claro, lo dije en el autobús de línea, con lo que, la posibilidad de que me tomasen por loca era la misma que la previsión de lluvia cuando lo de Noé, el ciento por cien. Pero bueno, que yo les voy a seguir informando de cómo van las cosas.

     Por cierto, me acabo de enterar de que están enviando señales a la Tierra a ver si la gente las pilla, porque, hablar de esto, así, abiertamente, no se puede. Los Arcontes andan por todas partes, y son peligrosos. Pero miren la foto que apareció en el monitor de abordo, esto es muy fuerte ¿no? En la calle, a plena luz del día... , pues ni lo vieron. 



           También han enviado agentes camuflados para que, en cualquier momento, ayuden a la población a evacuar. Esto hay que matizarlo, porque la palabrabreja no tiene nada que ver con dar de cuerpo (que también afecta a la mitad de la población). Pero, bueno, ya en su momento se verá. Aquí les dejo a un pleyadiano camuflado en el interior de un coche, tomen nota, están por todas partes. 





       Y no se olviden del sol. Ese sí que les puede dar un susto. ¿Se han fijado en cómo está el sol ahora? Yo, cuando llegue el momento, les aconsejaría que se dejasen llevar el cuerpo de carbono para que se les pueda instalar el otro, el de silicio (mucho más acorde con la nueva energía). Y que no se resistan, será peor. Entregarse y fluir, eso es todo. O, si se quieren venir a las Pléyades... Solo tienen que tomar papel y lápiz y a escribir lo que desean especificando todo muy bien (como hicieron los niños de Mary Poppins con la  petición de niñera). Luego, lo queman, o lo tiran por el water, y a esperar a que la nave aparezca y los absorba como a una mota de polvo...


Aquí con mi antiguo cuerpo de carbono simulando la matrix
      
       No se fíen de las apariencias, en el espacio todo rejuvenece. 
      Seguiremos emitiendo en frecuencias alfa y omega.
      Mientras tanto: sin noticias de Dios.

Mercedes Alfaya.





domingo, 28 de abril de 2019

Viaje a las Pléyades (segunda parte)


                                                                           
Ya me acoplé a 5ª dimensión.

Les cuento:

Como dije, aquí no se necesita cuerpo, tampoco existen parejas como tales (y no tiene nada que ver con el poliamor, qué va, eso es un invento de la tele). El éxtasis se manifiesta de forma subliminar, es decir, nada de orgasmos ni intercambio de fluidos. ¿Qué cómo se apañan entonces? Se apañan. ¿Recuerdan los trances de Santa Teresa, o de San Juan de la Cruz…?, pues, eso, no les digo más…

                                           


El caso es que el teatro que cada cual representa en la Tierra, aquí también se da, pero se da con Consciencia, como forma de diversión. Te disfrazas y adoptas un personaje, el que quieras, sin perder la referencia de que ese no eres tú. En cambio, en la Tierra, te lo crees todo; llámese creencia al hecho de pensar que Juan, divorciado y conductor de autobús, es Juan, divorciado y conductor de autobús; o que María, administrativa, madre de dos hijos, casada con Benito y que vive en el 4º D, barrio de la Esperanza es María, administrativa, madre de dos hijos, casada con Benito y que vive en el 4º D, barrio de la Esperanza. Para que lo entiendas mejor, que aquí todo es auténticamente auténtico, sin programas ni cartón. ¡Esencia pura! Lo que es, es. Y lo que no es, no es. Así de claro, como la parte del huevo que no amarillea. Y si te disfrazas, lo haces por diversión, Avatares, solo para el juego.

Les voy a mostrar mi personaje de estos días. Me encanta. Miren qué look, con el que nunca me atreví en la Tierra. ¿Por qué?... Vete tú a saber: miedo, normas, prejuicios…  Como aquí se disuelve el personaje, pues uno puede cumplir sus sueños, ¡y que se mueran los feos! (que es un decir, porque ya he comprendido que todo el mundo tiene su encanto).



¡Ea! pues, ahí estoy yo, la nueva fashion planet, la que siempre quise ser, la que soy y la que seré por siempre jamás; o por un rato, lo que yo quiera que dure mi personaje. ¡Huy! Todavía me cuesta decir eso de “Lo que yo quiera”, es como si me liberara de todo, como si me expandiera, una sensación pletórica. Ojo, hacer lo que uno quiere no tiene nada que ver con hacer lo que te dé la gana, que eso sí está penado.


 ¡Jo! Y que me haya tenido que venir al espacio para experimentarme y ser yo misma…  ¡Esto mola! supercalifragilisticoespiralidoso. ¡Lo dije del tirón! y con un hueso de aceituna en la boca (ahora mismo lo escupo por el diente. Lo traje para que me ayudara a salivar y que los jugos gástricos no se mezclasen con el éter). 

Bueno, ya les contaré, que voy a consultar los picos de la "Frecuencia Chumann" (el latido terrestre), a ver qué tal. He visto que se avecina tormenta ahí abajo y no me lo quiero perder.

 ¡Dios! Con la que está entrando y mis paisanos sin enterarse; claro, cuando no son las votaciones, es el partido de fútbol, la Pantoja, la semana santa, las comuniones, las ofertas del Lidl o a ver dónde comemos mañana que están todos los bares llenos..., el caso es que no se enteran de nada... En fin, cuando lleguen las naves, sí que van a despertar, que espabilen o se queden en tierra (que es otra opción). Yo, mientras tanto, a disfrutar de mi auténtico yo y mi look pleyadiano.

                                                       

Nota: Si me ven tripetida, no se asusten, es por el llamado efecto espejo, que aquí se usa mucho, más que nada para que aprendamos de nosotros mismos observando a los demás, que también somos nosotros mismos.
¡¡¡Chaito, hermanos!!! Hasta la próxima conexión. 



miércoles, 24 de abril de 2019

Viaje a las Pléyades (primera parte)







Esperando a que me evalúen para subir a la nave.

Como he trabajado duro, aprobé las asignaturas de reciclaje personal, social y otras hierbas, dejé mi ego en el poyete de la ventana y conseguí estornudar sin salpicar a nadie, me han seleccionado para el viajecito a las Pléyades. Antes, me las tendré que ver con Rigoberta, la máquina del futuro supervisada por Yurio, el secretario del comandante galáctico.

             En la imagen, el hombre preocupado porque no se escuchan los latidos del corazón. Como dijo que me quitara de encima todo lo que emitiera ondas o frecuencias…, dejé el corazón en la bandeja de entrada. Pero, vamos, que lo rescato enseguida.







—Un momento, quíteme esto, por favor, que voy a por el corazón y ahora vemos. 





                                                                 




Solucionado.


Aquí, ya en pleno Registro Eléctrico Cerebral (todo sin respirar ni nada).



 Y ascendiendo a trifásica…
‡‽ǮƱϡϔδ!! ‡‽ǮƱϡϔδ, ‡‽ǮƱϡϔ.



Dice la máquina que colesterol no tengo, pero que arrastro un poco de ansiedad, será por las macetas. Tengo la casa inundada de plantas y no doy abasto. Algunos días, incluso se me olvida comer. Me dijeron que les hablara porque así se mantienen lustrosas. Y me paso el día de monólogo en monólogo. Ellas sí que escuchan (creo), pero ni parpadean. Bueno, lo de parpadear es un decir.
El caso es que mis conversaciones con la especie vegetal han llegado hasta la Estratosfera y parece que entretienen a los extraterrestres en la hora del cafelito, por eso me han elegido para la misión Delta-5 fugi (que no tengo ni pajolera idea de lo que significa), pero que accedí porque me enteré de que en la cocina interestelar, todo lo que sirven de comer es de octava dimensión y no engorda nada, y con lo que me gusta la tarta de queso con arándanos y una pizca de sal, a ver si hay suerte y la tienen descafeinada; vamos, sin calorías.
            Como también me van a mirar la forma de morderme el labio, la zancada con tacones de aguja y la ansiedad…





 Bueno, a esperar el resultado del cuestionario. Yo a todo contesté que SÏ, total, el No ya lo tengo. Creo que una de las preguntas era si estaría dispuesta a rotular por fuera el número de las naves en venta. Dije que, vale, siempre que me enganchen con el cordón pertinente para que no me arrastre un agujero negro… Pero, claro, antes, tengo que pasar la prueba de la escucha activa, donde me proporcionarán las instrucciones para el simulacro. Por eso, me han dicho que espere aquí, en la cafetería pleyadiana. Que, como verás, hay que suspenderse un poco en el aire para que los camareros reconozcan que estás esperando a lo de las naves y no te hagan ni puñetero caso. 



A las cinco en punto de la tarde, concluí las pruebas pertinentes con una nota media de “más que aprobado”, lo que me valió para ascender de inmediato.




Claro que, como ahí arriba no funcionan los móviles, ni los microondas ni se permiten los plásticos, me costó averiguar cómo haría para avisar a la familia de que no voy a estar. O, sí que estaré, pero sin estar. Por eso, como dicen que una imagen vale más que mil palabras, les dejé la foto de las sillas vacías de ahí abajo, a ver si lo pillan.




Y, nada. Por lo demás, me encuentro bien. Ya subí a la nave. Muy limpio todo. 

Pronto me darán el uniforme y la pastilla. Me han dicho que el cuerpo se pierde, pero que ni te enteras. Acabo de mirarme al espejo y esto es lo que veo… Oye, no está mal, me gusta…




Bueno, ya tengo lo necesario para el laboreo (que aquí nada de NI-NI). Mi cuadrante dice que tengo bastante faena antes de colocarme el arnés de funcionaria pleyadiana, como saludar a los cometas que aterricen en nuestra plataforma cósmica; recortar el satélite lunar cuando llegue a menguante; reponer los envases de oro coloidal para la exportación; regar las nubes que descargan en Tierra, y más cosas.
Aquí viene el comandante galáctico, a ver si me asigna ya una celdilla con cinturón para las curvas, que no veas lo que se mueve esto.
   


Mercedes Alfaya.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Sin glamur


                                                                     

               Un adagio florentino dice: «La vida es para gozarla».
          Existen días grises, arrugados, sucios… Otros de arco-iris, elegantes, nuevos… También los hay planos, sosos, sin calado...
         Hoy es un día normal, sencillito (que no simple). En los días normales es cuando ocurre lo fantástico: me preparo un zumo de olvido y me doy un baño de humildad; me he quedado nueva.
         ―¿Si?… Bajo enseguida.
       Comeré una hamburguesa con patatas en uno de esos sitios de comida basura que huele a refrito, tocaré el cielo con los dedos llenos de pringue vulgar y pisaré alguna cagada de paloma en el parque (trae suerte). Además, me compraré un helado de limón con sabor a fresa y se me llenará de moscas la nariz. Voy a enseñarte mis empastes sin parar de reír. 
       Pintaré un dibujo en el asfalto y saltaré dentro; como Mary Poppins. Haré una foto sin glamur y robaré una frase mediocre; hace días que la vengo acechando. La descubrí en la puerta de un establecimiento de comida rápida, y dice así: “El sabor es el King”.
         Me voy de sabores... La vida es para gozarla, aunque sea sin glamur.
       
        Mercedes Alfaya.

       

                                                              

viernes, 8 de septiembre de 2017

Descalza



         Ayer estuve hablando con una amiga; una de esas personas con las que sientes que todo está bien, que puedes ser tú misma, que te comprende y te acepta, además de que, aunque nos veamos poco, siempre está ahí, con los brazos abiertos. Le comentaba que, a veces, la gente hace cosas que me duelen: algo así como si me reventaran el dedo meñique del pie cuando menos lo espero. Y que, con la vida de ajetreo que llevamos, pues ni siquiera me da tiempo a calibrar el daño. Y me digo: ¡Huy, cómo me ha dolido esto…, ya miraré la herida luego! Y me voy a regar las flores de mi terraza a ver si pasa. Pero no. Y lo peor es que cuando te dan punzadas en el pie, las plantas no se riegan con el mismo ánimo. Me siento en una silla y miro: «¡Joder!, si me han dejado el metatarsiano hecho puré». Me voy al botiquín y me aplico una cura de urgencia. Pero vamos, que me quedo coja para, por lo menos una semana (o más).
         Le digo a mi amiga, que yo no culpo a nadie del daño que me causa, que la única culpable soy yo por andar sin zapatos donde no debo. Y añado: «Mañana mismo me compro unas botas con puntera de hierro». Y ella se ríe de mis ejemplos y me dice que soy muy rica. Y yo la miro y pienso: qué bien, que haya personas con las que se pueda andar descalza sin temor a que te espachurren el pie.

Mercedes Alfaya



martes, 5 de septiembre de 2017

Tareas cotidianas

                                                                  



1.-Revolver en el baúl de las sonrisas para elegir las mejores.
2.-Coser los agujeros por donde se escapa la alegría.
3.- Tirar al pozo la bandeja de promesas caducadas.
4.-Fabricar caminitos de mermelada para las hormigas.
5.-Hacer nudos con las mariposas que no quieren separarse.
6.-Colgar cascabeles en las cortinas del horizonte.
7.-Ventilar los armarios del pasado.
8.-Tender el sol en las ventanas.
9.-Desenredar la madeja de los sueños.
10.-Depilarte los malos pensamientos.
11.-Seguir el rastro de las gotas de lluvia en los cristales.
12.-Desprendernos de las piedras que rompen los bolsillos.
13.-Guardar besos en las cajas de bombones.
14.-Barrer las sombras.
15.- Escurrir la envidia.
16.-Recortar las esquinas de las calles sin salida.
17.-Mirar las nubes desde abajo.
18.-Cepillar las alfombras de la duda.
19.- Limpiar las heridas con salivilla.
20.-Mojar los días nublados en el café.
                         

Mercedes Alfaya

domingo, 3 de septiembre de 2017

Mi isla

                                                                       
                                                               
                                                             Karen Hollingswoth

          Hace tiempo que me retiré a una isla (yo..., no mi cuerpo). Allí me encuentro a salvo de los tormentos de la memoria, de las afiladas esquinas del mundo, de los incontrolables torbellinos del amor. En mi isla, sobrevuelo la copa de los días y me repliego en los amaneceres de espuma. Las plantas crecen para mí y los pájaros nunca dejan de cantar.
       De vez en cuando, regreso a mi cuerpo, le limpio las ventanas y me bebo sus lágrimas. Lo zarandeo, le inyecto coraje en las venas, le desenredo la tristeza y le coloco la sonrisa en su sitio. Y él (mi cuerpo) se me queda mirando, con la vida en los bolsillos, sin saber qué hacer…

      Cualquier día lo envuelvo en un trozo de terciopelo rojo, lo cargo al hombro y me lo traigo a la isla.

Mercedes Alfaya

Los grandes

                                                              



       Leyendo un comentario de Juan José Millás en el que habla de esas entrevistas que hace a gente importante para luego confeccionar su columna en el periódico, me he parado a pensar en lo que él llama «Los grandes» (y que yo defino como: personas que están por encima de toda cocinilla de tasca con carteles luminosos y propaganda insufrible, donde se anuncian exquisitos platos y recetas mágicas que luego se quedan en un par de huevos fritos con la yema floja).

       El caso es que Millás dice (y explica muy bien) que, de vez en cuando, en sus entrevistas, se encuentra con los grandes. Y comenta: «Además, tengo la experiencia de que los personajes realmente grandes jamás te ponen límites. Jamás te dicen: “Esto no lo pongas”, eso te lo dicen los pequeños. Los personajes realmente grandes, una vez que han aceptado que hagas tu trabajo, deciden que ése es tu trabajo y que si te equivocas es tu problema, no el suyo. Dan por supuesto que tú eres tan bueno en tu trabajo como ellos en el suyo».

       Con respecto a esto, tengo que añadir que conozco a muchos personajes grandes. Personas que no ostentan cargos importantes ni salen en la prensa o en las noticias. Son personas de a pie ─normalitas y anónimas─, a las que yo admiro profundamente. Las admiro porque me puedo comunicar con ellas siendo yo misma (con mis fallos y mis aciertos). Personas que jamás se sienten ofendidas si me equivoco ni se escudan en mis errores para creerse perfectos. Si les pido ayuda, me atienden con humildad y nunca se dan otra importancia que la necesaria para su trabajo.
       Yo no escribo tan bien como Millás (qué más quisiera), pero sí que pienso como él. Además, siendo Millás un personaje tan grande o más que aquellos a los que entrevista, me gusta que todavía sea capaz de reflexionar sobre estos detalles, ya que, como dice la frase: «Las mejores aguas siempre discurren de forma subterránea».

     Aprovecho para dar las gracias a todas esas personas GRANDES que, de forma humilde, sencilla, original y mágica me alientan en el camino y me ayudan a volar.

Mercedes Alfaya.