jueves, 1 de septiembre de 2022

LA DULCE "PERTURBABILIDAD" DE LA VIDA



La imperturbabilidad es algo que todavía no he conseguido dominar (al menos al 70%). Convertirte en imperturbable no se refiere a “todo me la suda”, sino más bien que “nada me saque de mis casillas”. Sí, claro, y si viene el vecino y me mete el dedo en el ojo, ¿lo invito a café con churros y bendigo a su familia? No, claro que no. Veamos un ejemplo que me ocurre a menudo: por las mañanas, cuando me bajo del bus camino al trabajo, en la parada es que no se puede andar por la acera con las mesas de los bares que lo invaden todo… ¿Lo ves? Perturbarme sería esto: ¡Vaya tela, todos los días lo mismo, a ver si la policía pasa por aquí, tío, que los peatones no tenemos alas…,mira, bonita, organiza tus mesas y deja un pasillo que podamos andar, ¿no te parece?… La chica me mira y se cambia la bandeja de mano como diciendo: “Buenos días, reina” (que sería como: “me la suda lo que digas y lo que pienses”).  Y yo me llevo el berrinche al trabajo, y las mesas, que ya tienen su sitio asignado desde que Alejandro Magno se convirtió en rey de Macedonia a la muerte de su padre Filipo II (por decir algo) ni se van a mover de ahí, me ponga yo como me ponga. ¿Qué me queda? Evitar el darle fuerza a esto. ¿Desde dónde evito yo el darle fuerza a esto? ¿Desde la resignación? = NO. ¿Desde la impotencia?=NO. ¿Desde bajarme en la parada siguiente?=NO. ¿Desde comprarme una pértiga?=NO.

 Me coloco el dedo de pensar en la boca…

¡Lo tengo! Vuélvete imperturbable. ¿Y las mesas dejan de aparecer por la acera?=NO. ¿Entonces? Entonces lo que ocurre es que tú sorteas las mesas, aprietas la barriga para pasar si hace falta, sonríes, mueves un poco la silla que estorba…, y dejas que la vida ocurra sin que eso te perturbe lo más mínimo. Quieres creer que ahora mismo no me acuerdo si estaban las mesas en la acera o no. He llegado al trabajo envuelta en mi halo de imperturbable aceptación, sin darle fuerza a la perturbabilidad de la vida.

Importante saber que, para la imperturbabilidad, se necesita la aceptación, y para la aceptación se necesita la comprensión (aceptar es comprender; lo otro sería resignación, o sea, acepto por narices). Una vez que comprendes que eso que te perturba no está ahí para amargarte la vida, sino para ayudarte a eliminar los programas con los que juzgas, valoras, rechazas, te sofocas, te alteras… todo va sobre ruedas.

Ahora, lo que me falta es comprender (para poder aceptar) que un tipo suba al bus, pregunte cuánto vale el billete y luego, una vez que el conductor le ha respondido, sea cuando se descuelgue la mochila de la espalda, la abra, meta la mano dentro, busque el monedero, se coloque otra vez la mochila en la espalda antes de abrirlo, lo abra, cuente las monedas justas para evitar la calderilla, coloque las monedas en el mostradorcito, se adentre en el bus y tenga que llamarlo el conductor, porque se ha dejado el billete en la máquina, se vuelva, recoja su tique y…, uf, lo dejo aquí porque el tipo no arranca y llego tarde…

Mercedes Alfaya.

martes, 30 de agosto de 2022

ESO QUE LLAMAMOS "REALIDAD"

            


Hoy me estuve observando. “Me” se refiere a mí, o sea, que estuve observando (me), pendiente de lo que hacía “la Mercedes”, ese personaje en el que me convertí al crecer. Me vi abriendo los ojos y apretando la mandíbula: «¡Joder! ¿Es que no hay día para que la barredora acicale la calle más que a las seis de la mañana?» Y, de lejos, se escuchó una voz como de ultratumba, ¡cómprate unos tapones!, aunque “la Mercedes” ni se enteró, ya estaba en la cocina preparándose el café y la tortilla francesa que, como le dio por hacer ayuno por las noche, el estomago le reclama sustancia y el cuerpo gasolina para seguir tirando. «¡Ostras! ¿Qué le pasa al móvil que no enciende? ¿Cómo miro yo ahora por dónde viene el autobús y los minutos que restan? ¡Tío, que yo trabajo! Es más, ¿cómo le explico a la gente que no contesto a las llamadas o al wapsá porque el móvil no me funciona?». A ver, bonita, no te alteres ─le digo─, para pillar el autobús se usa el reloj de toda la vida y se calcula lo que uno tarda en llamar el ascensor, bajar al portal y atravesar la calle, que no siempre ha estado ahí la tecnología de seguimiento del vehículo en tiempo real mediante una aplicación al móvil. Y tampoco pasa nada si la gente que intenta conectar contigo no recibe respuesta inmediata, ¿te crees tan importante como para que la CIA se haga cargo del caso y te anden buscando por paradero desconocido? Además, recuerda que ayer en el video de youtube que te zampaste antes de acostarte, algo te quedó claro con respecto a eso que llamamos “realidad” ¿o no? ¿Qué descubrió Jacobo Grinberg que descolocó la cara de Fernando Sánchez Dragó en una de sus tertulias de “La Noche: El Sol de Medianoche, TVE 2, de 1989”? ─ Se lo recordé a “la Mercedes” mientras sorbía el café en la terraza mirando el mar de fondo… Mira, reina, ese video TE apareció para algo, piensa, siente, averigua, indaga,  intuye… El documental que te llevaste a la cama hilado en la cabeza para desmenuzarlo mientras llegaba el sueño,  de lo que hablaba era de la Teoría Sintérgica de Jacobo Grinberg. Y si recuerdo bien, lo que dice esa teoría es que estamos dentro de un continuo extensísimo y no conocemos los extremos, y que el humano común solo puede percibir una parte de todo este mundo que entendemos como “realidad”. ¿Qué te quiero decir con esto? Que mires a ver por qué no te funciona el móvil, porque igual se trata de un pequeño nudo imperceptible en la transferencia de energía entre tu dedo conector y el interruptor telefónico. «¿EeeeeHHH?» (la Mercedes no sabe de qué le hablo, tampoco sabe que le estoy hablando, por eso intentaré que recuerde el video de ayer y active sus poderes creadores ─todo el mundo los tiene─ para solucionar lo del móvil).

─Oye, móvil, ayer cargué tu batería al completo y ahora espero que respondas y te enciendas, por favor.

Para que esto ocurra hay que hablar con propiedad, mirar al móvil con fijeza, llegar a su esencia, sentir que su energía conecta con la tuya, observar que él también te mira (y te escucha).

Et… voilá. ¡Plinck! ¡Encendido!

Como dice Jacobo Grinberg: “El cerebro, al interactuar con este campo informacional, crea la realidad de percepción. Esta realidad una vez creada tiene una existencia real. Lo que estamos viendo, los colores, las formas, existen, pero existen como conciencia, directamente. Y las leyes de esta consciencia que llamamos mundo hay gente que las maneja”. No sé si esto tiene algo que ver con lo del móvil, pero está chulo lo que dice, ¿verdad?

Yo no he conseguido manejar estas leyes de la conciencia que llamamos mundo (todavía), aunque, aplicando parte del conocimiento que acabo de adquirir, conseguí conectar el móvil, que no daba señal alguna. Mañana, intentaré eliminar el ruido de la barredora de las siete de la mañana; y, si no lo elimino, a ver si por lo menos no me llega; y si me llega, intentaré que no me afecte. Esto de manejar la realidad lo consigo yo como Mercedes que me llamo… (¿Me llamo así, o es el nombre que me pusieron en esta  “realidad”?).

Mercedes Alfaya.


viernes, 19 de agosto de 2022

Elemental, querido Watson

 

ELEMENTAL, QUERIDO WATSON

 

Necesito ayuda. No sé cómo hacer para que ciertas cosas no me afecten, ni sé por qué me afectan. Por ejemplo ya he dicho por activa y por pasiva que no me manden ni fotos ni videos graciosos, chungos, de pena, con mensajes… al móvil, que no estoy en eso, que no lo quiero ni lo miro. Pues nada, me siguen llegando. Y ahora yo tendría que preguntarme ¿por qué me siguen llegando estos vídeos y estas historias si yo no estoy en eso?

La respuesta es bien sencilla: porque la gente no escucha. Y la pregunta siguiente sería: ¿por qué la gente no me escucha cuando digo que no quiero que me manden ese tipo de cosas al móvil? La gente no me escucha porque yo soy la primera que no me escucho a mí misma. Y lo que uno emite es lo que recibe.

Y voy más allá. Si yo no me escucho (ya que la vida me lo muestra con esta gente), querrá decir que tampoco me estoy respetando. Y si yo no me respeto, no puedo pedir que los demás me respeten, ¿no?: Elemental, querido Watson.

¡Uy! ¡Uy! ¡Uy! Hay que ver lo que uno descubre cuando se para un momento a escucharse y se conecta consigo mismo a ver por qué le ocurre lo que le ocurre y para qué le está ocurriendo lo que le está ocurriendo.

¡Jope! Qué bien me explico cuando me escucho. Perdón, qué bien me escucho cuando me explico (¿Será lo mismo? LLLL).





miércoles, 29 de junio de 2022

TAREILLA PARA EL VERANO


            ¿Qué pensarían ustedes acerca de la calificación final de una profesora a una niña de cuatro años, donde dice que su comportamiento con los otros niños es egocéntrico y que eso dificulta mucho la convivencia?

             ¡Alucino, vecino!

           Estudié dos años de Psicología y no me hizo falta más para recordar las palabras de Piaget (psicólogo suizo que se dedicó al estudio pormenorizado sobre el proceso intelectual y cognitivo del niño en su evolución): “El egocentrismo forma parte del desarrollo de la etapa infantil y demuestra que el cerebro aún no está lo suficientemente maduro como para empatizar y entender que las cosas no solo se ven desde el punto de vista de uno mismo, sino que existen otros puntos de vista”.

Esto no se tiene en cuenta porque se valora más la sumisión, la falta de liderazgo y el “obedece” que el respeto a lo que el niño es y al proceso que necesita para su desarrollo. ¡¡¡Deja al niño que sea él; el camino es educar, no adiestrar!!!

Lo que le faltó decir a Piaget (y lo digo yo) es que la mayoría de los adultos todavía se mantienen en la fase egocéntrica pensando que solo existe su punto de vista. ¿Qué no? ¿A cuántos adultos conoces que respeten la forma de mirar el mundo de los otros, sin cuestionarlo o tratar de imponer su propio criterio?

     ¿Qué nota le ponemos a estos adultos? ¿Necesita mejorar? O, mejor, le pasamos tareilla para el verano: «Escribe 30 veces “el egocentrismo infantil es parte del desarrollo del niño, pero no del adulto”.

sábado, 25 de junio de 2022

EL VALOR DE LO QUE CALLAS

 

EL VALOR DE LO QUE CALLAS 

«Venga, bonito, vamos a casa, que llevamos mucho tiempo en la calle». Es lo que vi que le decía una mujer a su perro esta mañana. Me hizo gracia, porque el perro andaba olisqueando algo en uno de los laterales del portal y ni caso, como si no fuera con él. Me suele ocurrir. No con  mi perro, porque no tengo, pero sí con alguna gente. Le hablas y se te quedan mirando totalmente desconectadas, asintiendo de forma automática, con la mirada ausente y la mente en otra parte: “A ver si mañana pillo a la limpiadora del bloque para ver qué ocurre con la mancha del descansillo”… “No entiendo por qué el banco me cobra comisión si tengo mi nómina domiciliada”… “Uff, tendría que haberme puesto una blusa más fresquita”… ¡¡¿Hola?!!... ¿Hay alguien ahí?... Nada, ni caso. ¿Para qué mierda me molesto en hablar con la gente, si no me hacen ni caso? ¿Y yo?, ¿me escucho yo? ¿me hago caso?... (bueno, eso ya es tareilla pendiente).

 Los animales sí que saben. Tú le hablas a un perro de lo que te ocurrió ayer en la sala de espera del dentista y lo más que hace es mirarte, ladear la cabeza y estirar las orejas, como diciendo: a mí lo que me importa es averiguar el tono en el que me hablas, saber si estás triste o contento, no lo que te ocurrió ayer, el mes pasado o el 31 de marzo. Y eso es comunicarse.

Creemos que la comunicación necesita del lenguaje, de las palabras. Y ¡no! Precisamente el lenguaje es el que menos comunica, porque siempre andamos explicando algo que a la gente “ni la´falta, ni l´
amporta, ni l´anteresa” (como se suele decir).




Un momento, tengo una mosca en el brazo. Aprovecho para leerle esto que voy a publicar en facebook, a ver qué le parece.

Voló, Se fue. Salió pitando; con la música a otra parte. Lo que yo te diga, que una vale más por lo que calla que por lo que dice. Analizaré esto y me lo trabajaré; ahora que, como venga la mosca a preguntarme la marca del flix que uso, ni caso; que yo también me sé meter en la densidad (esto de meterse o salirse de la densidad, ya lo dejo para otro escrito, que me voy de feria. ¡Perdón! Quería decir: que me voy de silencios).  

 

jueves, 2 de junio de 2022

EL TEATRO DE LAS VANIDADES

               Dice mi amiga que, si quieres revisar cómo va tu ego, te asomes a tu facebook. ¡¡¡Ufff!! Es verdad. A ver si cuento lo que quiero contar con precisión y certeza, mientras dejo a mi ego en la ventana.

Situación: Yo, mi cuerpo, mi alma, mi espíritu y mi ego (que también cuenta para que yo sepa dónde estoy en cada momento) viajamos en tren de cercanías. ¿Dirección?: Fuengirola. Next Stop: Fuengirola (como dice la voz en “off” para que los extranjeros sepan las estaciones, que aquí todavía creemos que vivimos del turismo). En fin, a lo que voy, que me enrollo como las alfombras en verano. En uno de los asientos de mi izquierda, al otro lado del pasillo, un “guiri”: rubio, unos 50 años, delgado, piernas largas, mochila a la espalda y una botella de cerveza de litro y medio en el asiento contiguo (trago va, trago viene). El seguridad, que viaja a la caza y captura de que se cumplan las normas (pero, ¡¡¿qué normas?!! ¡A ver si os aclaráis, que lo que se prohibía ayer, ya se puede hoy, y viceversa!).

En fin, seguimos (que con las elucubraciones creemos que vamos a arreglar el mundo…), que llega el vigilante y le llama la atención al “guiri”. El tipo obedece, encoge las piernas y coloca las plantas de los zapatos en el suelo del tren. El guardia le pregunta si la botella es de cristal, porque, de ser así, necesita guardarla en su mochila. Y es en ese momento cuando el tipo se encrespa, se baja la mascarilla y le lanza improperios y quejas en su idioma: Puchiclá- pechule- rocdirevi- maluki, buchina, ruku… (escribo esto porque no me enteré de nada; es más, cuando me preguntan si yo domino el inglés, contesto: “si es más chico que yo, lo inflo”).

El prenda se mosqueó y parece que dijo que la botella era de plástico y que dejara ya de molestarlo. El seguridad, que hizo cursos de Habilidades Sociales (o debió hacerlos) para no entrar en el juego y el ego de los usuarios, con tono pausado y firme, le vuelve a repetir las normas y sigue con la rutina.

Un minuto después, el borrachín reocupa el asiento de enfrente con los pies encima (zapatos incluidos), mete la boca en la botella y ¡glubs, glubs!, venga alcohol para el hígado.

Hasta aquí, bien; bueno, todo lo bien que se presenta una situación que no sé por qué a mí me llamó la atención y me sacó de mi deleite en el paisaje: el mar de fondo, la vegetación, edificios, estaciones, hoteles y todo este escenario divino y humano con el que disfruto cuando viajo en tren de cercanías.

El caso es que algo no me encajaba en la escena (digo “escena” porque ya se sabe que todo lo que ocurre a nuestro alrededor es puro teatro, y la gente que nos rodea, puros actores; cada cual en su papel con la finalidad de que aprendamos algo. Pero como  todavía hay quien ignora esto, yo lo expongo así, tal y como lo viví desde mi butaca de espectador). Repito: a mí había algo que no me encajaba, y no me refiero a la movida del tipo que pretendía hacerse notar (ya sé que eso viene de la infancia, que no le echaban cuentas, que le prohibían cosas, que, en definitiva, le impedían ser él mismo y, ahora, de adulto, lo manifiesta llamando la atención). No, no era eso. Tampoco se trataba de que se estuviera envenenando a las diez de la mañana con un litro y medio de cerveza, él sabrá cómo quiere tratar su vehículo, su cuerpo, el saco de carne con el que tiene que moverse en esta densidad. No, tampoco era eso. ¿Qué era entonces lo que no encajaba? Porque a mí me llamó la atención, cuando tendría que haber seguido a mi rollo, relajada y tranquila. Claro que, una vez puestos, ya quería saber qué era lo que no encajaba en la escena. ¿Qué era?... ¿Qué era?... ¡Pling! (bombillita sobre la cabeza). ¡Eureka!, (como dijo Arquímedes), lo descubrí.

 Lo que parecía estar fuera de la escena era la mujer. ¿Qué mujer? La que permanecía sentada frente al tipo de marras sin opinar, sin inmiscuirse en nada, escuchando todo lo que balbuceaba el tipejo como una esfinge en el desierto. “Bla-bla- bla, bla-bla-bla” y ¡pimba!, agarraba la botella y para dentro, restregaba la manga de la sudadera por el morro y seguí charlando: monótono, apagado, denso cual riachuelo de lodo en mitad del asfalto. La mujer en su pose, acartonada y estricta, sin rictus ni mueca, con la expresión justa como para no confundirla con un muerto.

Ya me estoy acercando al final, esperen…

El tren se detiene en la estación de los Boliches y yo pienso: mejor me bajo aquí y me voy hasta Fuengirola andando. Y va el tipo y la mujer y también se bajan ahí. Salgo de la estación, me olvido del tipejo borrachín y de la mujer cartón, y me dejo llevar por la siguiente escena: transeúntes, barecitos, cafeterías, tiendas, sol, luz…  Y es cuando escucho un grito, una queja, un alarido. Me doy la vuelta y veo al tipejo agarrándose la pierna de dolor delante de un pivote ancho de hierro. Que el universo me perdone, pero lo que pensé fue: “Que te den”. Y la escena vuelve a sorprenderme: la mujer lo mira sin inmutarse, se coloca las gafas de sol y como si no fuera con ella, se aleja dejando al tipo mal trecho allí tirado.

¿Se imaginan todo lo que pasó por mi cabeza en ese momento?: “Esta mujer es una extraterrestre que aterrizó por aquí para darle al tipo su merecido”. Pues no. No era eso precisamente. Le di vueltas al asunto y llegué a la conclusión de que esas dos personas venían a recordarme algo, quizás traían a mi presente un pasado sin resolver. ¿Quién, que yo recuerde, no se alteraba por nada? Y, ¿quién se alteraba por todo? Evidente que eso me queda pendiente de analizar, de otro modo, la escena  habría brillado por su ausencia.

¡Qué interesante! Seguiré indagando… (en mí).

 

lunes, 16 de mayo de 2022

¡¡EL TALLEEEEER!!

 

¡¡LLEGÓ EL DÍA!!

¿Nada? ¡NADA!

 

Hemos concluido con éxito el «III Taller de Escritura Positiva. Comunicación Consciente», y eso que me levanté afónica, sin voz, nada de nada… Sí, lo sé: la falta de alineación entre lo que siento, lo que digo y lo que hago; lo que tengo que expresar y me dejo dentro; las situaciones que me superan y las aguanto… En fin, le dije al Universo que yo el taller lo daría, sí o sí, aunque fuera con lenguaje de signos o contratando a un malabarista (soy testaruda, constante y responsable). Pero como se acercaba la hora y seguía sin voz, se me ocurrió algo:



    YO CON CARA DE: 
SE ACERCA LA HORA DEL TALLER Y LA VOZ SIN LLEGAR

«Verás, Universo, si esta afonía es para que aprenda, te doy las gracias y prometo mirármelo, pero déjame dar el taller (llevo mucho preparándolo, levantándome temprano, gastos de material, tiempo, trabajo…) luego seguimos con el aprendizaje a ver si doy con la tecla. ¿Te parece?...».

 El Universo es de pocas palabras, se le dan mejor los hechos. De manera que confié, agarré mi carrito con las carpetas, piedrecitas de colores, diplomas, regalos, galletitas, manteles, pirámide, incienso… y todo el material pertinente, y me fui para el taller (con la ayuda Merche, artista y conductora de lujo que me llevó en su coche).



AQUÍ CON MERCHE 
en su espacio artístico


  Las diez menos cinco, del sábado 14 de mayo, 2022. Probando: ¡¡¡Laaaa!!!! ¡¡¡Dooooo!!! ¡¡¡Reeeee!!! ¿Nada?... NADA. Ni un hilo de voz.

         Llega la gente y me acerco a recibir:

─Hola, ¿tú eres?... Pues toma asiento donde quieras. Encantada.

─Pasa, pasa. ¿Tu nombre? Adelante…

─¿Qué tal? Buenos días, aquí tenéis sitio…

            El espacio que nos cedió Merche es un sitio especial. Nos acomodamos entre muchas de sus obras: cerámicas, azulejos, pinturas… y todo tipo de arte. La luz se colaba por la cristalera impregnando la estancia de una atmósfera mágica; me recordó las pinturas de Vermeer, donde la luz adquiere un color de alquimia, como el que se aprecia en su cuadro: “La lechera”.






¿¿¿EHHHH??? Pero si tengo voz.

De pronto, me di cuenta de que estaba recibiendo a la gente, de que podía hablar, de que había vuelto la voz (aguardentosa, pero voz, que era lo importante). ¡Perfecto!, el pacto en marcha, nunca lo dudé…

La palabra me acompañó las tres horas que duró el taller. Aprendimos, nos reímos, debatimos y compartimos unas horas de lujo donde la energía allí concentrada formó una especie de burbuja luminosa que nos envolvió por completo (al final, se nos hizo corto y queríamos continuar, je, je).







La ganadora del regalo sorpresa fue Olga López, con su “glándula pineal” a tope de activación, porque antes de que saliera el número premiado, intuyó que la muñeca, el libro y las florecitas del sorteo serían para ella. ¡¡Enhorabuena!!, Olga.



OLGA recibiendo su diploma.

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MÁS FOTOOOOOS









POR CIERTO: Contamos con un invitado sorpresa, Rafael, que, con su presencia, contribuyó a que todo estuviera en equilibrio, a que el taller fluyera y a que la energía se moviera a nuestro favor. Y es que, además de las hadas, también existen los duendes (guiño al canto). 

Nos hicimos fotos: de grupo, individuales,  con diploma, en el jardín, en la puerta, en el baño (broma, ji, ji). 




   



 










Foto de grupo, aplausos...


Antes de que la carroza se convirtiera en calabaza y los cocheros, en ratones, la voz recogió su vestido de fiesta y salió pitando de mi garganta, escaleras abajo, perdiendo su zapatito de cristal en la huida.

 ¿Nada de voz? ¡¡NADA!!

YA EN CASA: Gárgaras con limón y miel; con própolis; ajo, plata coloidal, la piedra lapislázuli en la garganta, más gárgaras, vapores, sopitas, pócimas…, pero vamos, hasta que me trabaje el motivo que me llevó a la ronquera y me calce el zapatito de cristal, esto no se va. Universo, por fa, échame una mano, prima.




REMEDIOS CASEROS PARA LA AFONÍA  MIENTRAS TRABAJAS LO QUE TIENES QUE TRABAJAR.


¡EL ZAPATITO YA ES TUYO!





Mercedes Alfaya.

lunes, 2 de mayo de 2022

THE MOMENT

 

Ayer me encontré este sillón de cuento, bueno, mejor dicho, el sillón me encontró a mí (flechazo a primera vista). ─¡María, hazme una foto!─. Y mi amiga enseguida preparó el móvil  ¡Flasch!

Después de la instantánea, me quedé un rato ahí, acaricié texturas y disfruté del acogimiento. ¡Y fue cuando ocurrió!

 De pronto, escuche una voz que me susurraba al oído. Pensé que se trataba de un altavoz conectado al sillón o algo así. Pero no, era el propio sillón el que me hablaba. ¿Qué me dijo? Pues esto fue lo que me dijo:

«Donde estés, habrá una mirada de luz que te envuelva y te acaricie.

Donde estés, sabrás que me asomo al abismo para cuidar de ti y acompañarte.

Donde estés, recibirás el aliento y el sosiego que re­clames o necesites.

Donde estés, yo estaré contigo, pero no como un simple e imperfecto humano, sino como la divinidad que llevas dentro. Porque yo soy tú y tú eres yo. Y juntos formamos el maravilloso ser que eres».

 Igual llegas a los Estados Unidos y nos tomamos algo juntos. Puedes conectar la música que tanto nos gusta, cerrar los ojos y viajar.

https://www.youtube.com/watch?v=447yaU_4DF8&list=RD447yaU_4DF8&start_radio=1



miércoles, 27 de abril de 2022

CONCLUIDO EL SEGUNDO TALLER (y vamos a por el tercero)



SEGUNDO TALLER DE ESCRITURA POSITIVA (Comunicación Consciente)

Estoy sorprendida de como van los talleres, porque la gente es superguay, participativa y con muy buena vibración (claro, es lo que yo atraigo, je, je).




Aquí fotillos










Y vamos a por el tercero, el 14 de mayo (que también está completo, aunque te puedes anotar en lista de espera).

LA CALIDAD DE TU VIDA DEPENDERÁ DE LA CALIDAD DE TUS PENSAMIENTOS.

Mercedes Alfaya.

sábado, 23 de abril de 2022

CONCLUIMOS TALLER

 






CONCLUÍMOS EL PRIMER TALLER (y vamos a por el segundo)

El Taller de Escritura Positiva (Comunicación Consciente) en la Herboristería de Lucía resultó todo un éxito. Hubo participación, buena energía y lo pasamos de fábula. El secreto estuvo en la magia: desmontamos todo lo que se alzaba fuera de aquella burbuja tan especial que creamos en el interior de la tienda, y ya solo existíamos nosotros y el taller (luego hubo que volver a colocar las calles, las tiendas, los aparcamientos, la cotidianidad…, aunque aprendimos que la vida pesa poco, lo que pesa es pensar que pesa…).

Gracias, Lucía, por tu generosidad y por brindarnos tu espacio.

Y vamos a por el segundo taller, que será el 27 de abril, por la mañana, en la Biblioteca del Pueblo.

miércoles, 6 de abril de 2022

CON LA LENGUA DE CORBATA

 Tengo una amiga que se parte de la risa cuando hablamos y pongo ejemplos para  aclarar algo. Dice que soy muy buena con esto. También soy buena en muchas otras cosas, por ejemplo: en fabricar muñecos con calcetines, montar carteles para los talleres, cocinar croquetas de pollo con calabacín y cebolla…, y me las pinto sola con mi puntillo irónico a la hora de evitar confrontaciones con la gente.

Por ejemplo, me ocurrió que, un día, cuando me disponía a sacar el coche de un aparcamiento en plena calle, un señor se bajó de la acera y se colocó detrás del vehículo para cruzar. Evidente que está invadiendo terreno que no le corresponde, además de que yo estaba echando marcha atrás con el coche para salir del aparcamiento y él no tendría que estar ahí.

De pronto, escucho unos golpes en la chapa del coche y al hombre gritar: ─¡Tía! ¿A ti dónde te han dado el carné de conducir?

En la arcaica densidad, donde las confrontaciones con los gilipo…(¿?) estaban a la orden del día y se actuaba desde los programas y la manera de proceder del antiguo paradigma, me hubiera cagado en sus mulas y en parte de su familia estelar (por decir algo). Pero como ya he avanzado lo mío y actualicé y desatranqué mi información “Ooooommm” (J)pues lo que hice fue esto: Abrí el cristal del coche con mucha parsimonia, lo miré con mucha tranquilidad y le dije con cara de asombro: «Perdone, pero ¿es que para llevar un coche hay que tener carné? Vaya, pues si usted no me lo dice, yo llevo 20 años con el coche y no tenía ni idea de que se necesitara un carné.

¿Qué hice? No darle fuerza, no entrar en su juego, no alimentar la confrontación y dejarle con la lengua de corbata.

¡Uy! Yo es que con el Nuevo Paradigma donde la programación se actualiza y las situaciones se liquidan con naturalidad, como si sacudieras una mosca de la nariz, es que lo bordo.

¿Ya está mi amiga Carmela tosiendo de la risa, como si la viera (J).

viernes, 1 de abril de 2022

El nuevo paradigma

 

Estoy con un video de «La caja de Pandora» donde la doctora María Dolors Obiols habla acerca del nuevo paradigma y los nuevos valores, que ya tendrían que haberse instalado entre nosotros, sustituyendo los antiguos.

Me parece muy interesante lo que dice, porque, antiguos valores como: el esfuerzo, la complejidad, la dificultad, el control… en los que antes nos apoyábamos y a los que dábamos un valor absoluto en nuestras vidas, como algo incuestionable y que no podía ser de otra manera, porque se consideraban imprescindibles para nuestro desarrollo y avance por estos lares, ahora se están sustituyendo por otros nuevos, mucho más acordes con lo que de verdad funciona. 

Y es que parecía que si algo no costaba esfuerzo, no resultaba caro, escapaba a nuestro control o no requería un trabajo arduo (con el sudor de tu frente), es que no valía.

¡PUES NO!

Aquí el nuevo paradigma con valores más acordes a nuestros tiempos, menos mentales y más proyectados con el corazón.

Valores como: La sencillez, la facilidad, la vida (opuesta al control), la simplicidad…  Esto tiene que ver con un “déjate llevar” “todo es sencillo” “confía” “no rebusques nada, todo te va a llegar si lo necesitas”…

El nuevo valor que más me ha gustado hasta ahora (llevo 28:04 minutos escuchados de 1:43:00) es el que se refiere a La Vida: la vida es opuesta al control, porque es imprevisible. Eso de programar, planificar, prever… es bastante incompatible con la vida. La vida está en un constante proceso de transformación, te sorprende, se ríe de todas tus previsiones, tus conjeturas, tus interpretaciones de lo que ocurre y de lo que va a ocurrir. Y si no, que se lo digan a los que se llevaron el aceite, el arroz, los rollos de papel higiénico y la leche de los supermercados pensando que les iba a faltar: si vivimos en la carencia, por mucho que acumulemos, siempre tendremos escasez (es lo que atraemos). Por eso, deja que la vida ocurra y cámbiate al nuevo paradigma, con los nuevos valores; ¿o te quieres quedar en tierra (J)?

Sigo escuchando a la doctora Obiols…, ya te contaré.