viernes, 31 de mayo de 2024

LA ISLA DESIERTA

 


He buscado información acerca de vivir solos en una isla y, al parecer, la única preocupación es la forma de sobrevivir, pero de la estabilidad emocional no dice nada. Imagino que mi crecimiento personal sería otro, porque, al no tener referentes de personas con las que medirme o interactuar, resulta difícil saber cómo me manejaría en ese sentido. Y digo yo, ¿para qué quiero saber cómo me manejaría con las personas si estaría yo sola?

Yo creo que en la isla desierta el sufrimiento emocional sería cero, porque si analizara lo que me hace sufrir, todo tiene que ver con el entorno social: que si la presidenta del bloque no tramitó mi queja sobre la limpieza; que si mi compañero de trabajo me ha dado una mala contestación; que si no me admitieron en ese curso; que si mañana tengo que recoger los análisis de mi madre y no sé qué me dirán; que si mi jefe no me quiere dar los días de vacaciones que necesito; que si me crucé a fulanita por la calle y no me saludó; que si me han invitado a una boda a la que no quiero ir; que si mi pareja no me quiere; que si pitos; que si flautas. ¿Entonces? ¿Me tengo que ir a una isla desierta para comprender que dejo que todo lo de fuera me altere, que vivo para los demás y que por eso sufro?

Pues oye, me voy a fabricar una isla desierta en medio de «la jungla» humana, a ver si me queda claro que nada me puede afectar sin mi permiso.

Merce Sahonik.