He buscado información acerca de vivir solos en una isla y, al parecer, la única preocupación es la forma de sobrevivir, pero de la
estabilidad emocional no dice nada. Imagino que mi crecimiento personal sería
otro, porque, al no tener referentes de personas con las que medirme o
interactuar, resulta difícil saber cómo me manejaría en ese sentido. Y digo yo,
¿para qué quiero saber cómo me manejaría con las personas si estaría yo sola?
Yo creo que en la isla desierta el sufrimiento emocional sería
cero, porque si analizara lo que me hace sufrir, todo tiene que ver con el
entorno social: que si la presidenta del bloque no tramitó mi queja sobre la
limpieza; que si mi compañero de trabajo me ha dado una mala contestación; que
si no me admitieron en ese curso; que si mañana tengo que recoger los análisis
de mi madre y no sé qué me dirán; que si mi jefe no me quiere dar los días de
vacaciones que necesito; que si me crucé a fulanita por la calle y no me saludó;
que si me han invitado a una boda a la que no quiero ir; que si mi pareja no me
quiere; que si pitos; que si flautas. ¿Entonces? ¿Me tengo que ir a una isla
desierta para comprender que dejo que todo lo de fuera me altere, que vivo para
los demás y que por eso sufro?
Pues oye, me voy a fabricar una isla desierta en medio de «la
jungla» humana, a ver si me queda claro que nada me puede afectar sin mi
permiso.
Merce Sahonik.