Llevo
unos días alucinada con esto de “soltar”. Y es que, si lo pones en práctica,
ves que funciona.
Le llamo “soltar” a pensar en eso que
te perturba, eso que arrastras desde hace tiempo, eso que no te deja dormir, lo
que no sabes cómo solucionar…, y dejarlo en manos de (el destino, el universo,
Dios, la energía, el cosmos, un familiar desencarnado…, llámalo como quieras).
Lo importante no es a quién se lo entregas, sino que «lo sueltes», pero que lo
sueltes de verdad, que no pelees más con ello.
¿Temas de dinero? =
al carajo. Mi vida y mi tranquilidad tienen más valor que eso.
¿Temas de “no me
hablo con mi prima”? = Suelto. Si se tiene que solucionar, se solucionará,
paciencia y confianza; que sea cuando tenga que ser, o que no sea si no tiene
que ser.
¿Tema “el trabajo me
agobia”? = ¿Por qué? Igual estás en el sitio equivocado y no lo quieres ver.
Suelta. Conozco a una chica que me contó algo de su trabajo. Me dijo que había
pedido un traslado a otro departamento porque su jefe y un compañero le hacían
la vida imposible. Al final, y mientras se solucionaba el problema, optó por
soltar. Esto era que, si el jefe le denegaba un día libre que pedía, ella
decía, vale. Y si, en cambio, se lo concedía a su compañero, ella decía, vale.
Pero no es que estuviera en resignación, lo que estaba es tratando de que nada
de fuera le afectara, mientras llegaba su traslado. Y llegó. Llegó porque ella
no estuvo en resistencia. Confió y no dejó que nada le perturbara mientras se
producía el cambio. Eso es “soltar”. No es lo que ocurre fuera, es lo que yo
hago con eso que ocurre fuera: ¿Lo padezco? ¿Me duele? ¿Me quita el sueño? =
¡SUELTA!
Soltar, también es dejar que en cada momento
ocurra lo que tiene que ocurrir, aunque no concuerde con lo que yo quiero que
ocurra. La vida no está diseñada teniendo en cuenta mis gustos (ni los de
nadie). Aceptar que la gente se equivoque, que sea impertinente, que me defraude,
que no se comporte como yo creo que debería comportarse, porque si “suelto” y me
dedico a comprarte un helado de limón con sabor a fresa, igual hasta me
sorprende lo ligera que se me vuelve la vida y lo poco que engorda ese helado.
Bueno, que me enrollo como las alfombras
en verano. Que pongas un letrero en la nevera que diga: “Suelta” y ve dejando sitio
para que llegue lo bueno; que llegará (si sueltas).
Merce Sahonik