domingo, 4 de agosto de 2024

¡SUELTA!



                Llevo unos días alucinada con esto de “soltar”. Y es que, si lo pones en práctica, ves que funciona.

         Le llamo “soltar” a pensar en eso que te perturba, eso que arrastras desde hace tiempo, eso que no te deja dormir, lo que no sabes cómo solucionar…, y dejarlo en manos de (el destino, el universo, Dios, la energía, el cosmos, un familiar desencarnado…, llámalo como quieras). Lo importante no es a quién se lo entregas, sino que «lo sueltes», pero que lo sueltes de verdad, que no pelees más con ello.

¿Temas de dinero? = al carajo. Mi vida y mi tranquilidad tienen más valor que eso.

¿Temas de “no me hablo con mi prima”? = Suelto. Si se tiene que solucionar, se solucionará, paciencia y confianza; que sea cuando tenga que ser, o que no sea si no tiene que ser.

¿Tema “el trabajo me agobia”? = ¿Por qué? Igual estás en el sitio equivocado y no lo quieres ver. Suelta. Conozco a una chica que me contó algo de su trabajo. Me dijo que había pedido un traslado a otro departamento porque su jefe y un compañero le hacían la vida imposible. Al final, y mientras se solucionaba el problema, optó por soltar. Esto era que, si el jefe le denegaba un día libre que pedía, ella decía, vale. Y si, en cambio, se lo concedía a su compañero, ella decía, vale. Pero no es que estuviera en resignación, lo que estaba es tratando de que nada de fuera le afectara, mientras llegaba su traslado. Y llegó. Llegó porque ella no estuvo en resistencia. Confió y no dejó que nada le perturbara mientras se producía el cambio. Eso es “soltar”. No es lo que ocurre fuera, es lo que yo hago con eso que ocurre fuera: ¿Lo padezco? ¿Me duele? ¿Me quita el sueño? = ¡SUELTA!

   Soltar, también es dejar que en cada momento ocurra lo que tiene que ocurrir, aunque no concuerde con lo que yo quiero que ocurra. La vida no está diseñada teniendo en cuenta mis gustos (ni los de nadie). Aceptar que la gente se equivoque, que sea impertinente, que me defraude, que no se comporte como yo creo que debería comportarse, porque si “suelto” y me dedico a comprarte un helado de limón con sabor a fresa, igual hasta me sorprende lo ligera que se me vuelve la vida y lo poco que engorda ese helado.

     Bueno, que me enrollo como las alfombras en verano. Que pongas un letrero en la nevera que diga: “Suelta” y ve dejando sitio para que llegue lo bueno; que llegará (si sueltas).


Merce Sahonik